Muchos de nosotros hemos experimentado sucesos trágicos en nuestras vidas. Nadie está inmune a los desastres naturales, accidentes fortuitos, pérdida de seres queridos, enfermedades inesperadas, etc. Sin embargo, hemos lidiado con estos desafíos en los círculos y entornos de nuestras vidas personales y familiares. Todo esto ocurre como parte mortal de nuestras vidas. No hay nada inusual sobre estos dolorosos eventos que todos vivimos.
Ahora el mundo está enfrentando a un enemigo común e inesperado. Todos nosotros, sin importar los países en que vivimos ni las comunidades a las que pertenecemos, estamos unidos bajo el flagelo del Covid 19. Es un enemigo mortal e invisible que deja en su paso un sufrimiento masivo y dantesco no experimentado por la humanidad desde la gripe española de los 1900.
El mundo no tiene control de cómo, dónde, y cuándo nos ataca este destructivo virus. No obstante, en lo que sí tenemos control es en nuestra disposición de cómo enfrentar esta calamidad que aflige nuestro vivir diario. Es ahí, en nuestra actitud donde radica nuestra más grande defensa contra el Coronavirus y su paso devastador por nuestras puertas.
He presenciado el efecto depresivo en la vida de muchos por la cuarentena impuesta en muchas naciones; pero a la vez, he visto, la renovación de la vida de tantos usando su tiempo para alimentar la mente y el alma. He presenciado actos de generosidad que han bendecido las vidas de los que sufren. He sido informado de los actos heroicos de los que laboran en la salud pública por preservar vidas y disminuir la aflicción de cientos. He sido testigo de la generosidad noble de aquellos con preocupación genuina por el vecino que perdió el sustento diario y que sucumbió al hambre, que es tan terrible como el virus mismo. He sido renovado en la fe, las oraciones y las plegarias de millones al Divino por el bienestar de la humanidad.
Sé que muchos han abierto el baúl de los recuerdos y han tarareado las canciones hermosas de sus tiempos, sé de tantos que han mejorado sus pasos de baile, sé de millones que han gozado como nunca de la compañía de sus seres amados. Sé que hemos cocinado, reído, bromeado y llorado, pero sobre todo hemos amado juntos.
Hay ciertos actos pequeños o tiernas misericordias que pueden salvar vidas. En mi centro laboral, la Universidad de Brigham Young se ha iniciado una campaña de bondad en los tiempos del Covid:
“LA COMPASIÓN ES CONTAGIOSA” —BYU
*Ama a tu prójimo
*Sirve a tu prójimo
*Salva a tu prójimo
Maneras de mostrar compasión:
1. Usar una mascarilla
2. Mantener la distancia social
3. Lavarse las manos constantemente
4. Quedarse en casa de sentir síntomas
Bendiciones a todos,
Alberto Puertas











